CCOO hace un llamado a la comunidad internacional para conseguir el fin de la violencia y el respeto de los derechos humanos en Bolivia

    El sindicato condena el golpe de Estado en contra del presidente boliviano, Evo Morales. que vulnera las normas legales de sucesión.

    18/11/2019.
    Las manifestaciones están convocadas en diferentes ciudades a las 19 horas.

    Las manifestaciones están convocadas en diferentes ciudades a las 19 horas.

    Desde CCOO reiteramos nuestra condena al golpe de Estado perpetrado en Bolivia contra el presidente Evo Morales, y llamamos a la comunidad internacional a que apoye la defensa del orden democrático, el fin de la violencia y el respeto a los derechos humanos en Bolivia y en toda Latinoamérica.

    Los acontecimientos que se están produciendo en Bolivia constituyen un golpe de Estado, puesto que se ha producido una toma del poder político que ostentaba el Presidente Evo Morales, de forma repentina por parte de un grupo de poder, el Ejército y la Policía, vulnerando las normas legales de sucesión, ya que no se ha producido una destitución parlamentaria, sino una recomendación televisada de renuncia al Presidente legítimo por parte del la cúpula militar.

    La oposición a Evo Morales fue incrementando el nivel de violencia con ataques a las viviendas de ministros y parlamentarios, y amenazas contra su vida. Curiosamente, la oposición no está liderada por el candidato que logró la segunda posición en las elecciones generales tras Morales, Carlos Mesa de la coalición liberal Comunidad Ciudadana, sino Juan Fernando Camacho líder cruceño, ultraderechista, evangelista y defensor de las clases ricas y blancas bolivianas. En el más claro estilo golpista, Camacho anunció la instalación de un “Gobierno transitorio”, decretó sin orden judicial la detención y el juicio de responsabilidad a Evo Morales por “justicia divina”, lideró la quema de instituciones públicas y el cerco de la sede del Gobierno, donde entró por la fuerza y se postró de rodillas ante una Biblia.

    A pesar de que el presidente Evo Morales convocó unas nuevas elecciones el domingo 10 de noviembre, tras las denuncias por la falta de transparencia en el proceso electoral del pasado 20 de octubre y las movilizaciones que se estaban produciendo en las principales ciudades del país, la oposición no aceptó una convocatoria de elecciones donde Morales pudiera ser candidato, y el Ejército y la Policía, parte de la cual se amotinó contra el Gobierno, forzó al presidente a presentar su renuncia, que la justificó “para resguardar la vida y la seguridad de mis seguidores y evitar una guerra civil”, según sus propias palabras.

    La pérdida de confianza en Evo Morales de una parte de la población se debe, en gran medida, a dos factores. El primero, su decisión de no tener en cuenta el resultado del plebiscito de 2016 que fue contrario, por un pequeño margen, a la modificación de la Constitución y permitirle un cuarto mandato. El segundo, el comportamiento errático en el recuento de votos de las elecciones del 20 de octubre, que ha servido a la OEA (Organización de Estados Americanos) para denunciar, en complicidad con la oposición, irregularidades y proponer que se anule el resultado. El amotinamiento de parte de la Policía, responde a la política de persecución de la corrupción que afectaba en gran medida a la institución, y que no ha sido perdonado a Evo.

    La situación en Bolivia

    Bolivia es el único país de América Latina con una mayoría de la población indígena. Las élites blancas del oriente del país y del sur de La Paz, la cúpula militar antiizquierdista y las élites económicas se han resistido siempre a que les gobernara un campesino indígena como Evo. Las negativas expectativas económicas para la región, con la previsión de que siga cayendo el precio de las materias primas, provoca que las élites económicas de la región no estén dispuestas a que un presidente de la izquierda popular e igualitaria pueda seguir gobernando con perspectiva social.

    Por su parte, la OEA, muy activa en la denuncia de la situación política y social en países como Nicaragua o Venezuela, pero poco activa respecto a lo que ocurre en Argentina, Brasil, Chile o Ecuador, respecto al caso de Bolivia no se ha manifestado en ningún momento sobre la presión del ejército al presidente para forzar su renuncia, totalmente contraria al estado de derecho. Tampoco ha reconocido que durante los 14 años de gobierno de Evo Morales, Bolivia ha conseguido estabilidad, sus mejores índices de crecimiento, escolarización y acceso a servicios públicos y salud, los indígenas han conseguido una inserción social nunca conocida y ha aumentado la capacidad de consumo de las clases populares, entre otras mejoras sociales y económicas.

    Desde CCOO, reiteramos nuestra condena al golpe de Estado en Bolivia, denunciamos la violencia y las violaciones de derechos humanos que se están produciendo en el país y llamamos la atención sobre el riesgo de discriminación que corre la población indígena. Es una declaración de intenciones que se hayan retirado las whipala, bandera de los pueblos indígenas reconocida constitucionalmente como símbolo nacional, de las instituciones públicas y de los uniformes de la Policía.

    Lo que parecía una etapa superada en América Latina, la de los golpes de Estado, la violencia y la injerencia en la soberanía de los pueblos, no puede volver a producirse. En este sentido llamamos a la comunidad internacional a que apoye la defensa del orden democrático, el fin de la violencia y el respeto a los derechos humanos en Bolivia y en toda Latinoamérica.

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